Éramos había sido Tan falibles Tan predecibles tan maleables Por los astros las coincidencias y ese yo qué sé Vivimos una vida pretenciosa Ajustada y sin excusas No le podemos culpar A los astros Ni a las coincidencias Ni a ese yo qué sé Sobre la hora siempre Pero mejor Que a las apuradas da más gusto Ese latido desesperante Apremiante De nuestras ganas cuando los ojos se ven Pero al momento en que pintaste Ese carmín talentoso Sobre tu boca tu indecorosa Me compraste Me zambullí al Rin Y con fuertes pataleos Te crucé mil fronteras Al llegar a Brandenburgo Izaste bandera blanca Te quedaste sin qué decir Huíamos de las cataratas Y buscábamos un frío Otro semblante Una sonrisa sinvergüenza Que nos tire para delante Experiencias ajenas Para la bitácora o el anuario De nuestros ...
Con el pasar de los años Uno en verdad No se da cuenta de nada Y las mentiras fluyen Como ese río turbio De aguas sucias que recorren Todas las arterias desde el arroyo hasta la cuenca Del mar, y ahí te das cuenta De lo mínimo de lo miserable De lo inocente y de lo culpable Que es uno En esta delicioso engaño Al que llaman amor Y navegan y naufragan Se zambullen en las aguas Y les gusta patalear Les termina agradando el juego Del yo no fui, del quién es él Y él jura su amor Y ella bebe otra miel Una comedia Tan digna de vivir La mentira de la piel Te hace delirar Inventas al amor, y le pones un nombre Y Como si fuera que necesita un sustantivo Esa sensación agridulce De pertenecer Y no saber a quién
Qué suerte Qué suerte que te conocí Y que luego Me hayas vislumbrado Obcecado Como un niño con su primer amor de juguetería Que nunca olvida al muñeco Hasta comprarlo, jugarlo, vejarlo, y vuelto a jugar Qué suerte Que te hayas desaforado Atosigado por los nervios de placard Y que así hube terminado sendas veces Triste y bajo la lluvia Llorando más de rabia que de amor Qué suerte que siempre Tus bragas fueron sigilosamente generosas Mientras este limosnero Se sabía conformar Qué suerte Que perdimos la cabeza La dignidad y la ocasión Dejando todo por el nosotros y olvidando el yo Volviéndonos pordioseros Dentro de nuestra propia riqueza de oropel Y qué suerte Que no me hablaste Nunca más Ni una misiva Ni un hola qué tal Nada Hoy por hoy me digo Qué suerte
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