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L'amoureuse

Sentado en el banco Soñás Recordás sus piernas primorosas Colmadas de antojos ajenos Desprovistas de mácula alguna Sus manos salpicadas de tanta doncellez Acariciaban rostros enfermos en afanes deísticos Y se entregaban al Pudor sacramentado Mal predicado De algunos cuantos II Al tercer cigarrillo empezás a sentir El perfume de sus cabellos en primavera Fragancias de manzanilla Venenos de azalea Piel lardosa Que llamaba a desvirtuar A tan pudibunda Nereida Y sentís en tu boca Su aliento estuoso Quemando tus labios Y excusando cualquier tentación

Enciclopedistas

¿Cómo describir al amor? Que cómo describir unos cuarenta y cinco minutos Reposando sobre tu vientre sudado Cómo nombrarle a eso que siento al besar tus mañanas dormidas sobre el sofá Después de una noche de crucigramas y helado de café Quieren inventar una palabra para eso que experimenta cualquiera Al tomar tu cintura y embriagarse De ternura Respirar tu aliento así, sin necesidad de ningún beso ¿Cómo llamarlo a eso? Me estremecés con ciento cuarenta y siete Tipos de escalofríos distintos Repeluznos denteras Y toda clase de espasmos E inagotable impresión Reís etérea con cualquier chiste Y mi consciencia agradece ser parte Del accidente de tu destino Cómo Quiero saber cómo Describir eso

La vierge rebelle

Recorriendo los montes va el arriero Machete en mano, fumando su soledad Las cigarras en coro Entonan una arietta Y avivan su andar Mientras, la virgen coqueta Lo espera en el arroyo Sin pudor sin vergüenza Lavando sus pecados con agua inmaculada Despertando deseos rijosos Y alguna que otra envidiosa venganza Marcha el mancebo Mascando una fruta inmadura Mirando de soslayo a las arañas Que atorrantas, le tantean punzar Sube un montículo enmohecido Que si bien no era el Olimpo Conducía a Venus, Helena y a Juno Todas juntas reunidas en la virgen De rizos rojos como la amapola Pechos orondos vientre jovial Su espalda lechosa. Llena de miel y de avena Terminaba en una cola sebosa Diáfana y procaz Se encuentran se miden Pugilista montaraz Le duele la pureza profana De sus caderas mojadas Temeroso de deshonrar ese fresco fino y pulcro Coloreado tan accidentalmente Que h...

Soldados de nadie

Pasaron tantos años Y el tiempo que corre en espiral Una fuerza centrífuga que Da vueltas sobre un mismo eje Viviendo en un punto Lo que en otro ya se sufrió Nombres, apodos, dictaduras Golpes de estado, apellidos y marzos con bravuras ¿Todo para qué? Atardecer asunceno Observo a la gente caminar Nunca anda apurada Sin apremios de nada Sin presiones, sin miedos Sin sueños, sin perder Sin ganar, sin arriesgar Errantes por las calles capitalinas Deambulan sin que nada les persiga Y sin nada que perseguir.

Finos hilos de seda

Peñascos de ideas que vuelan por la capa fina De eso que respiramos, sin querer Vericuetos del vivir que nadie nos contó Y en eso vemos a los ídolos espurios zurcir nuestras rasgaduras Con finos hilos de seda Y agujas pústulas que anestesian antes de perforar Hilvanando con avidez las bregaduras podridas Del melodrama tragicómico De nuestro andar

Reloj de arena

Nada no llega Y todo se acaba Saturno no se abstiene Y los minutos que pasan El alma se miente En cuerpo viejo O mirada de joven El resultado no importa El final siempre es el mismo Júpiter se mimetiza en mentiras Mientras en el Olimpo lanzan dados al destino

Lapsus de ayer

Y llegan las reminiscencias Destilando fragancias de menta Anís Un toque de manzanilla -así tomabas el mate- Y pienso en tu boca lechosa Que en esos días en que el apocamiento me postraba a la cama y no paraba de fumar Me daba un beso en la nariz y en un abrupto -Así, como si una ráfaga de temperancia me golpeara la cara- Todo se ponía bien Y te acostabas al lado y llorabas conmigo Te colabas en el umbral mismo del espíritu Arrancabas pétalos y con ellos  te adornabas Si sólo las flores supieran ¡Que la que las tendría que adornar sos vos! II Cafés en terrazas rebuscadas Cigarrillos en moteles alejados Y respiros cara a cara por horas, en el auto Frente a casa de tus padres Cosas que uno a veces Al sonar tal o cual música Recuerda Ríe de costado. Y sigue adelante. III Hay días en lo que sospecho Tomamos mal el camino Ambos los dos  Y no me da culpa -en esos días- De volverme un uxoricida Alegar defensa propi...